La forma en que fuimos mirados, calmados y sostenidos en nuestros primeros años de vida crea un mapa inconsciente sobre lo que significa el afecto y la seguridad. Cuando entramos en una relación afectiva íntima, esos mapas primarios —los estilos de apego seguro, ansioso o evitativo— se activan de manera automática.
Los patrones más frecuentes en la consulta de pareja
Uno de los circuitos más comunes es la danza entre el perfil demandante (que ante la distancia siente angustia de abandono) y el perfil distante (que ante el conflicto necesita replegarse para no sentirse abrumado). Ambos sufren y ambos buscan lo mismo: sentirse seguros, pero sus estrategias chocan sistemáticamente.
Reconocer tu estilo de apego no es para etiquetarte, sino para darte la libertad de responder en lugar de reaccionar.
— Lic. Florencia Solano
Hacia un apego adquirido y seguro
La gran noticia de la neurobiología y la psicoterapia sistémica es que el estilo de apego no es una condena fija. A través de la terapia individual o vincular es perfectamente posible reparar viejas heridas de confianza y aprender a comunicar necesidades afectivas sin agresión ni distanciamiento.