La ansiedad es, en su origen evolutivo, un mecanismo de supervivencia extraordinario. Nos alerta ante peligros reales, moviliza nuestra energía y nos permite responder con agilidad a las demandas del entorno. Sin embargo, en el ritmo de vida actual, esa alarma biológica a menudo queda encendida de forma continua, interpretando situaciones cotidianas como amenazas inminentes.
¿Cuándo la ansiedad deja de ser funcional?
Hablamos de un cuadro que requiere atención clínica cuando el malestar es desproporcionado, constante y comienza a limitar tus decisiones diarias: postergar reuniones, evitar situaciones sociales, experimentar taquicardia sin causa médica aparente o sentir una dificultad permanente para desconectar de pensamientos anticipatorios catastróficos.
El cuerpo no distingue entre una amenaza física real y un pensamiento amenazante que repetimos cien veces en nuestra mente.
— Lic. Silvana Pérez
Estrategias desde el Enfoque Sistémico
Desde la mirada sistémica no tratamos a la ansiedad como un defecto individual aislado, sino como una respuesta a los contextos de presión, los mandatos de rendimiento y las dinámicas vinculares en las que te desenvolves. La terapia permite identificar qué dispara la alerta, regular el sistema nervioso y construir pautas de autocuidado realistas y sostenibles.